GUACOLDA … la bella mujer de Lautaro …

Imagen de Leopoldo Sebastián Martin Ramos

GuacoldaHay historiadores que sostienen que Guacolda, la mujer de Lautaro, es un mito.

Y si la razón estuviera con Alonso de Ercilla y Zúñiga, albricias por su imaginación... "La Araucana" es un poema épico, publicado en Madrid en tres partes, los años 1569 y 1578. Producto del ingenio de Alonso, el excelente narrador de la guerra de Arauco contra los araucanos (1).

Ercilla, cuenta así la historia: "Aquella noche el bárbaro dormía / con la bella Guacolda, / y ella por él no menos se abrasaba"

Nuestro tema es: Guacolda;

... y existen otros cronistas - acaso basados en la probable historia mítica de Ercilla y Zúñiga  - que también la inscriben como mujer de carne y hueso.

 

Amante esposa de Lautaro,  nos quedamos con su presencia importante.

 

El Padre Rosales, en su Historia General,  habla de Guacolda y de su premonición cumplida con la muerte de Lautaro (2), en la víspera de la batalla de Chilipirco ( batalla de Peteroa, 1557 ).

 

Era una muchacha hermosa, posiblemente con el pelo rojo, si se atiende a la significación del nombre en el idioma mapuche -  mapudungún -:  Wa-kelü, o Wa-koli  (choclo, maíz - colorado, rojo). Una deducción con mucha fuerza. Por ello, se la describe como una mujer que habría sido de cabellera rubia o rojiza, aún cuando las crónicas  informan de las características distintas de las mujeres mapuches (3).

 

Corren historias diferentes para relatar la relación Guacolda-Lautaro; algunas con las referencias de  testigos de la época, y otras con dejos de romanticismo que enaltecen a la pareja. Así, por ejemplo:

 

Guacolda habría estado profundamente enamorada de Lautaro, quien le habría correspondido con iguales sentimientos.

 

Para los españoles, su nombre era Teresa y era una mujer hermosa.

 

Guacolda se habría unido a Lautaro cuando éste dio por finalizado su aprendizaje en casa de Pedro de Valdivia  y partió a unirse a la sublevación de su pueblo. Estuvo con él cuando este tomó la ciudad de Concepción; también le habría acompañado en la Batalla de Mataquito, en las márgenes de ese río ( 1º de abril de 1557) y en el Asalto a Santiago.

 

Una bella mujer que fue seducida por el valor y el talento de Lautaro y que decidió seguirlo con decisión y coraje. Las crónicas también señalan que Guacolda y Lautaro sirvieron en casas de españoles.

Según la tradición, Francisco de Villagra -  en cuya casa Guacolda se habría criado - vencedor en la batalla, la habría llevado consigo y la mujer habría muerto de pena al poco tiempo.

                                                         Guacolda y Lautaro

He aquí pincelazos  de un cuadro imaginario,  hecho para contar la historia mítica de Guacolda y Lautaro ...

Corrían los días finales del año 1555 cuando la Audiencia de Lima ordena a los españoles de Chile, reconstruir la ciudad de Concepción. Solo quedaban de ella las ruinas dejadas por las fuerzas de Lautaro. Al mando de un pequeño grupo, el guerrero echó a andar hacia Santiago.

En el camino se encontró con un indiecito portador de un regalo de Guacolda: una saeta con una flor en la punta.

Atacaron Penco al amanecer, venciendo una vez más a los españoles. Cuando la batalla estaba ya ganada, desde un monte cercano llegó un vocerío fuerte de mujeres, que venían decididas a tomar parte en la pelea. Lautaro se encuentra con Guacolda que venía en el grupo; le quita la lanza y le pide que lo espere, confiándola a uno de los jefes que le acompañaban, mientras continúa en persecución de sus enemigos.

Viene la celebración del triunfo de los caciques con una gran fiesta, a la cual invitaron a la gente de la selva, de las montañas y de las islas de toda la región...vinieron los jefes de remotas tribus. Mientras se celebraban torneos de fuerza y destrezas,  Lautaro arregló con el padre de ésta, los pormenores de su unión a Guacolda. Era costumbre que el hombre  pagara una dote al padre de la mujer. Consistía en animales, mantas de lana y botijas de bebidas - chicha hecha con maíz fermentado -. Todos bebieron y disfrutaron de la fiesta.

Por la tarde, anocheciendo, Lautaro se retiró a su ruca a esperar el amanecer ... hora apropiada para raptar a Guacolda, consumando de esta manera la simulación de  la ceremonia de la unión de hombre y mujer, de acuerdo con la costumbre araucana.

 

Isidora Aguirre escribió uno de los más rotundos éxitos teatrales, según se hace constar en Memoria Chilena. La obra, estrenada en 1982, se llamó:  " ¡ Lautaro! Epopeya del Pueblo Mapuche. Al final  " Lautaro es cantado por su amorosa mujer, Guacolda: " Lautaro, estás aquí Lautaro, estoy contigo Lautaro, estás conmigo. Estás en mí, Lautaro ¡ estás presente ! Hermano... Aquí estamos para defender tu tierra. Tu gente. El hijo dormido ". (4)

 

VISITE  y  COMENTE  EL SITIO:

http://sites.google.com/site/delospueblosindigenas

   

 

 

 Alonso Ercilla y Zúñiga

 

 

(1) ( Alonso de Ercilla y Zúñiga) "En 1556 llega al Perú y acompaña a García Hurtado de Mendoza, el recién nombrado Gobernador y Capitán General de Chile, donde se habían sublevado los araucanos. Estuvo en Chile diecisiete meses, entre 1557-1559. Participó en las batallas de Lagunillas, Quiapo y Millarapue, siendo testigo de la muerte de Caupolicán, protagonista de su poema: La Araucana, poema épico de exaltación militar en 37 cantos, donde narra los hechos más significativos de la guerra de Arauco contra los araucanos (mapuches) y que empezó a escribir en campaña".   

http://es.wikipedia.org/wiki/Alonso_de_Ercilla

 

(2)  " Levantóse acaso al amanecer el capitán Lautaro desperezándose de la carga del sueño, no pudiendo gozar dél con la inquietud que le daba lo que había soñado, y era que moría él y todos los suyos a manos de los cristianos. Y con la angustia que se sentía despertó a una india que tenía consigo para darle parte de su aflicción, por ser esta gente muy crédula y supersticiosa en todo género de sueños y agüeros. Llamábase la india Teresa Guacolda, la cual se había críado, desde muchacha, en casa de Pedro Villagrán, y la había cogido el Lautaro a tiempo que andaba en estos asaltos, tomándola entre las demás que él y sus secuaces hubieron a las manos en los pueblos por donde iban entrando. Esta despertó gimiendo y sobresaltada, porque estaba actualmente soñando que los españoles mataban a los indios de aquel fuerte y a Lautaro entre ellos".

Historia General de el Padre Rosales

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/13582842323460728544424/p0000002.htm#I_61_

 

(3)  Alonso González de Nájera, autor del Desengaño y Reparo de la Guerra del Reino de Chile, describe a la mujer mapuche así: "Aunque en general tienen las mujeres el color más castaño que moreno, tiénenlo muchas veces verdinegro y quebrado, y unas más blanco que otras, según los temples de las tierras donde nacen y se crían... Son comúnmente de mediana estatura, y en general tienen grandes y negros ojos, cejas bien señaladas, pestañas largas y cabello muy cumplido... Su vestir es honesto para bárbaras, pues usan de faldas largas, mostrando sólo los pies descalzos y los brazos desnudos. Sus ejercicios son hilar y tejer lana de que se visten... Tienen a cargo las mujeres la labranza de las tierras, y el hacer los vinos...".
Fuente
: Cristián Guerrero Lira, Fernando Ramírez Morales e Isabel Torres Dujisin.

http://www.biografiadechile.cl/detalle.php?IdContenido=368&IdCategoria=8&IdArea=35&TituloPagina=Historia%20de%20Chile

 

(4)  Son  frases de la épica obra de Isidora Aguirre. " En Lautaro. Epopeya del pueblo mapuche, nos muestra un personaje diferente a la mirada que nos ofrece Ercilla en La Araucana, Neruda en su Canto general e incluso Fernando Alegría en Lautaro, joven libertador de Arauco, ya que la imagen del guerrero respira y exhala en toda la obra un aire de heroicidad innegable; aunque ella hace la obra mirando tanto al héroe mapuche cuanto al conquistador Pedro de Valdivia. El amor tampoco está ausente, con la ternura protectora de la dulce Guacolda, y la reivindicación de la tierra, en la voz de Lautaro,

" Esto oí de mi padre que lo oyó del suyo cuando, cantando, me fue hablando de la infancia, de la edad temprana el pueblo mapuche " En esta tierra -dijo-, ¡ nosotros siempre estuvimos !"  " Estuvimos... Estuvimos ¡ En esta tierra nosotros siempre estuvimos ! "

Memoria chilena... Isidora Aguirre escribió uno de sus más rotundos éxitos teatrales ¡Lautaro! Epopeya del Pueblo Mapuche, estrenada en 1982.

 

Ilustración  "Araucanía mas de I I siglos"   Proyecto financiado por Fondo de Medios del Gobierno Regional  La Araucanía.

Se sostiene en la página web  www.araucaniamasde2siglos.cl/web2/5.html

 " Planteamos el rescate desde la perspectiva mapuche, de personajes que a lo largo de los siglos intervinieron y dejaron huella en nuestra historia, muchos de ellos relegados a personajes secundarios y que nos hablan de una continuidad histórica que sobre pasa largamente estos 200 años ".

 

 

 

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Imagen de Leopoldo Sebastián Martin Ramos

La épica en la obra de

La épica en la obra de Isidora Aguirre

Escrito por:  Georges-Michel Darricades

 

Así vemos entonces, la ética, estética, poética y más que nada la épica de Isidora Aguirre con gran influencia Brechtiana, pero que jamás, en ninguna de sus obras deja de transmitirnos con su delicadeza femenina la ternura y el amor, y sin lugar a dudas se manifiesta como la más grande y prolífica dramaturga chilena en cuanto a su versatilidad y temática.

 

La notable producción dramática de Isidora Aguirre ha opacado, por lo menos en el gran público su obra en prosa y en  especial sus sui generis novelas, ya sabemos que los no habituales al teatro la identifican, si es que es así, - cuando no nombran al autor de la música -, sólo la taquillera La pérgola de las flores. Pocos seguramente han escuchado de El retablo de Yumbel, Población esperanza, escrita junto a Manuel Rojas, Los papeleros, Las tres Pascualas, Los que van quedando en el camino, Lautaro. Epopeya del pueblo mapuche o Manuel. Menos aún de sus tres novelas: Doy por vivido todo lo soñado, (haciendo mención al famoso verso de Juan Guzmán Cruchaga), Carta a Roque Dalton y  Balmaceda. Diálogos de amor y muerte.

 

Al final, antes del telón, ya no es Guacolda la que habla, es el coro que nos deja como un legado hasta hoy: "De ti aprendí hermano querido indio de aquí de ti aprendí yo a resistir cruel opresión. No cambiaré. Mi destino es resistir esa civilización de poder y de ambición. No cambiaré porque no puedo ya vivir engañado, esclavo, solo, triste y sin amor."

 

Lo que sí está claro, además de sostenerlo todos los analistas y al ojo de cualquier espectador o lector, en esta obra se entrevé muy bien el tiempo en que fue escrita y estrenada, digamos en plena dictadura chilena, 1982, afortunadamente los únicos que no tuvieron la "sensibilidad para leer" el mensaje, y bien por el arte, fueron sus censores y esbirros.

 

 

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