
de quinchas y de barro,
fueron armando viviendas
los trabajadores del campo,
le colocaron tejas ocre,
que fue pintando el tiempo,
y olvidada en la pampa
de una tierra de yermos.
La choza de la fotografía
que vino en aquel recuerdo,
siempre está allí solitaria,
alejada de todos los medios,
construida en la esperanza,
de alcanzar un día nuevo.
Se fueron tejiendo con calma,
los anhelos de esos obreros,
con la fe con que algún día
se cumplirían sus sueños.
Allí se fundaron familias,
Se fueron llenando los pueblos
que partió con una villa
o un poblado pequeño
y hicieron un país
parte de este pueblo chileno.





El muralismo en Chile, está presente como tal a partir de fines de la tercera década del siglo XX, con la visita a nuestro país del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros y la realización de su mural “Muerte al invasor” en la escuela de Chillán.




“ kuos ceá árrasep celkuának-áfqat ” (*) ( después yo estuve navegando hacia el interior del seno ... ) es una frase del lenguaje kawéskar, en extinción. Un pueblo originario cuya historia, costumbres y aportes ancestrales requieren rescatarse por el importante acervo cultural que representan en la identidad nacional. Este pueblo canoero de la Patagonia chilena necesita redescubrirse, aún cuando sus descendientes ya han perdido los lazos consanguíneos y sus expresiones de idiosincrasia ( esa manera característica de pensar, sentir o actuar de una persona o una comunidad que la distingue de otros ) parecieran olvidadas o perdidas en el tiempo.




