Los sonidos del arpa de Ociel Ortiz cuentan las historias del sacrificado trabajo de los mineros del norte chileno, pues de pequeño vio como su padre iba a trabajar a la mina. Él mismo, antes de ser músico, a sus cortos años de vida debió realizar diversos oficios: pastor, ayudante de arriero, panadero, cargador de camiones y luego -a los 16 años- también en un auténtico minero del pirquén.
Sin embargo, su interés por la música y su espíritu de superación lo llevaron a incursionar en el acordeón y luego, en el arpa.
Es así como en el 2001 celebra sus 25 años de trayectoria con un gran concierto en el Teatro Municipal de Antofagasta –comuna donde nació- oportunidad en la que fue galardonado por diversas instituciones culturales y del espectáculo, por su gran calidad musical, lo que además lo llevó a ser considerado unos de los mejores músicos en su especialidad en Chile.